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Qué es un Cheque de Pago Diferido

Un cheque de pago diferido (o “cheque diferido”, como se lo nombra habitualmente) es una de las variantes del pago con cheque. La característica que lo define es la diferencia entre la fecha de libramiento o emisión y la fecha de cobro, la cual queda establecida para un tiempo posterior.

A la hora de pagar un bien o un servicio, el titular de una cuenta corriente o de ahorro puede emplear este mecanismo, transformándose en el ordenante del cheque de pago diferido.

Para que el cheque de pago diferido tenga validez, la fecha de cobro señalada no puede situarse más allá de un año -como máximo- posterior a la fecha de emisión. Una vez establecido este medio de pago, el portador tiene derecho a recibir la cantidad de dinero que está expresamente señalada en el mismo por parte del banco donde lo canjee.

Por tanto, la utilización de un cheque de pago diferido supone una orden librada por parte del titular de la cuenta ante su entidad bancaria, para que esta última realice la transferencia de dinero al beneficiario del cheque en la fecha de cobro.

Una de las particulares a tener en cuenta es que es menester que en el momento del pago, la cuenta del librador cuente con los fondos necesarios para realizar el pago. De no ser así, tiene que contar con la posibilidad de dejar la cuenta al descubierto y efectuar el desembolso.

Esta metodología supone una ventaja principal: la opción de pago diferida, la cual permite la transacción de estos documentos en el mercado de capitales. Los cheques de pago diferido pueden ser vendidos o comprados, y el beneficiario de los mismos será portador o poseedor en cada momento.

El cheque de pago diferido es una frecuente herramienta de financiación bursátil, dado que cuenta con la posibilidad de que este instrumento sea pasible de ser comercializado en la bolsa de valores.

A diferencia del cheque común, el cheque de pago diferido permite adquirir bienes o servicios sin necesariamente incurrir en el pago al momento de la adquisición, dado que es un instrumento beneficioso para diferirlo.

Es por ello que es una herramienta muy popular entre PyMEs, ya que habilita a acceder a la adquisición de materias primas y otras provisiones para la producción. Así, es posible invertir y aprovechar beneficios de las ventas, para poder cumplir con los pagos pendientes.

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¿Qué es endosar un Cheque y cómo hacerlo?

En el artículo pasado vimos cuáles son las posibilidades de un cheque cruzado. Entre ellas se encuentra la de endosarlo. Pero en concreto, ¿qué es endosar un cheque? ¿Cómo se hace y para qué sirve?

En algún momento a todos no pudo pasar que nos han pedido que endosemos un cheque y no saber exactamente qué era y cómo hacerlo. Aquí te explicamos los pasos a seguir.

Endosar tiene como significado transferir un cheque, una letra de cambio, un pagaré u otro título de valor a favor de otro titular. Por lo tanto, endosar un cheque es traspasar a una tercera persona el importe del mismo.

Despejada la duda de qué es, vamos a lo procedimental. ¿Cómo endosar un cheque para depositar? Endosar un cheque tiene un procedimiento sencillo, que consta de los siguientes pasos:

  • El beneficiario inicial del cheque debe escribir en el dorso el nombre de otra persona, quien pasa a ser el nuevo beneficiario. Para concluir este paso, también debe firmarlo.
  • En caso de querer mejorar el procedimiento, puede añadir algún dato extra del nuevo beneficiario. Escribir el DNI del nuevo beneficiario, por ejemplo, le agrega una formalidad mayor. Vale aclarar que también pueden endosar cheques las personas jurídicas. Para ello, deben incluir la expresión “por poder” o “pp”, indicando de esta manera el nombre de la empresa de forma clara.
  • Los actores de este procedimiento son: el endosante (aquél tenedor acreedor original o posterior) que traspasa su derecho de cobro; y el endosatario (acreedor actual), a quien se le ha transmitido el derecho de cobro.

Una pregunta habitual es si todos los cheques pueden ser endosados. Y la respuesta es negativa. Sólo pueden ser endosados los cheques nominativos, esto es, aquellos que llevan el nombre del beneficiario explícitamente escrito, sólo si incluyen la cláusula “a la orden” –que es lo que habilita a su endoso para traspaso a otra persona-; y también los cheques al portador.

En el caso de cheques nominativos, hay que aclarar que al endosarlos quedan sujetos al impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.

El caso contrario son los cheques con la mención “no a la orden”: esto indica que no pueden ser endosados, por lo que sólo puede cobrarlo la persona a favor de la cual se lo ha emitido. Este elemento se utiliza para proteger al librador del cheque (la persona que lo emite) de que terceros procedan contra él utilizando el juicio ejecutivo cambiario, procedimiento que sólo la persona a cuyo nombre se expidió el cheque podrá emplear.

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¿Qué es un Cheque Cruzado?

Entre todas las maneras que tenemos para generar un pago o recibirlo, se encuentra el cheque cruzado. Este tiene la particularidad de asegurarse de recibir el monto a cobrar en algunos de los puntos del banco emitido, con todos sus beneficios.

Profundicemos: un cheque cruzado no admite retiros en efectivo, es decir, es un documento cuyo valor puede sólo ser depositado en el banco establecido de la cuenta del beneficiario.

Para habilitar un cheque cruzado el emisor debe trazar dos líneas paralelas (el grado no es preciso, pero debe tener cierta inclinación, aunque hay excepciones). En su defecto, las dos rayas deben atravesar la parte posterior del cheque, en posición vertical.

Para cambiar el portador, una persona puede aplicar una herramienta llamada “endoso”. La forma correcta de realizarla es firmar la cara trasera del cheque. Quien lo reciba puede cobrarlo o retransmitirlo con un nuevo endoso. Esta forma no obstante no es posible cuando el cheque ha sido emitido con la leyenda “no a la orden”.

La persona endosante tiene la responsabilidad de garantizar el pago del cheque frente a la persona que lo transmitió (proceso que también incluye a aquellos que endosaron el cheque con anterioridad).

Así como vimos su calidad de “endosable”, el cheque cruzado tiene algunas características particulares a tener en cuenta. La primera es la imposibilidad de cambiar su condición: una vez que el cheque se ha “cruzado”, no puede cambiarse. Pero sí es posible convertir cualquier cheque en uno cruzado. En caso de robo o pérdida, la institución pagadora inhabilitará el cheque.

Habitualmente, los cheques cruzados son denominados “a la orden”. El tipo de cheque al portador también puede ser de esta manera, a fin de evitar su cobro en efectivo.

Existen dos subtipos de cheques cruzados:

  • General: es en el que no figura el banco donde se realizará el cobro.
  • Especial: es el que habilita sólo a una institución financiera al cruzarlo, por lo que no es para cualquier cliente. Este se emite escribiendo el nombre del banco entre las dos rayas.

Los pasos para depositar un cheque cruzado son los mismos que en la mayoría de los casos, con la salvedad que no se puede cobrar en efectivo. Para el depósito es necesario poseer una cuenta en el banco de destino. Debe coincidir el nombre de la persona titular de la cuenta y a la que está emitido el cheque.

En caso de estar endosado, el portador nuevo debe tener una cuenta en el banco indicado en el cheque. Si el mismo es general, sólo es necesaria una cuenta bancaria.

Por último, sólo cuando el cheque se haga efectivo, el dinero podrá ser retirado.

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Qué es IVA Responsable Inscripto

En el artículo anterior revisamos el concepto de Monotributista, tanto en sus ventajas como en sus obligaciones. Se podría decir que la contracara de esto es la figura de Responsable Inscripto.

Todos los contribuyentes alcanzados por el Impuesto a las Ganancias, el I.V.A o cualquiera de los tributos, están comprendidos en el Régimen General. La inscripción se debe realizar ante la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) por cada impuesto. Por otro lado, si se es trabajador autónomo por fuera de las posibilidades de monotributista, hay que registrarse como Responsable Inscripto para poder realizar aportes a la jubilación (Seguridad Social).

Así como existen ventajas en el monotributo, también las hay al ser Responsable Inscripto, esto es, pertenecer al Régimen General. En el monotributo, por ejemplo, tenemos limitaciones en cuanto a la cantidad de sucursales, mientras que al ser Responsable Inscripto no hay límite para ello, ni de energía consumida o espacio físico. También beneficia a las PyMEs, dado que es más fácil acceder a distintas líneas de crédito. Por otro lado, se puede tomar del I.V.A. el Crédito Fiscal al comprar materias primas o mercaderías.

Por supuesto que así como cuenta con sus ventajas, ser Responsable Inscripto también tiene su contrapartida negativa. Entre otras cosas, se debe calcular el Impuesto a las Ganancias de forma anual, hay un mayor y más estricto control por parte de la Administración Pública, y se debe declarar y abonar mensualmente el I.V.A., en caso de corresponder.

Para realizar la inscripción en Argentina existen dos variantes, y ambas dependen de poseer el CUIT (Clave Única de Identificación Tributaria). En caso de no poseer CUIT se debe presentar el formulario de Declaración Jurada 460/F en la Dependencia que le corresponda de acuerdo a su domicilio (Cumpliendo con las disposiciones de la RG 10/1997). En caso de no saber cuál es, se puede visitar la página web de la AFIP.

Si ya posee CUIT deberá inscribirse utilizando la Clave Fiscal habilitada para el servicio Sistema Registral por internet. Allí se le presentará la opción de “Empadronamiento/Categorización de Autónomos”. Luego de ingresar los datos, se le dará una constancia de presentación y una credencial para el pago, la cual ya contendrá el Código de Registro Autónomo (CRA), que se corresponderá con la categoría de revista autodeclarada (en caso de estar iniciando la actividad y desconocer la categoría correspondiente, se puede consultar la tabla de categorías existentes).

En lo referido a la facturación, se pueden emitir dos tipos de factura:

  • Factura A: en ella el I.V.A. está discriminado y es la que emite de un Responsable Inscripto a otro.
  • Factura B: ya no es necesario discriminar el I.V.A ya que es la emitida por un Responsable Inscripto a un sujeto exento, monotributista o consumidor final.
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¿Qué es el monotributo?

El monotributo es una herramienta que tienen los comerciantes, profesionales y trabajadores cuyos ingresos son bajos, de ingresar a la economía formal y poder emitir facturas, tener obra social y aportar a una futura jubilación.

El monotributo se implementó en el año 1998 en Argentina, como una forma de permitirle sumarse a la economía formal a aquellos que no podían pagar la cuota de autónomo general y así poder obtener beneficios.

Los monotributistas se diferencian de los autónomos regulares (que están incriptos en el Impuesto a las Ganancias y/o el IVA y/o Régimen de Autónomos) en que sus ingresos no deben superar un máximo anual previamente determinado. A la vez, el pago mensual que hacen contempla la obra social, el aporte jubilatorio y el impuesto al estado de manera unificada.

Las personas que tienen un oficio, los profesionales que cumplan con el límite de facturación, los que posean una renta proveniente de alquileres propios de inmuebles (que no superen las tres propiedades), quienes tengan un comercio pequeño y un pequeño emprendedor son aquellos que pueden inscribirse como monotributistas. Dentro del monotributo, existen distintas categorías que organizan conforme a lo que se gana y que determinan el aporte mensual que deberá hacer al estado el monotributista.

Al día de hoy podemos encontrar once categorías, ordenadas de la “A” a la “K”, que contemplan desde los que ganan $17.000 hasta $217.000 mensuales. Estas categorías pueden ajustarse cada seis meses según el monotributista facture más o menos. Las fechas de ajuste son los veinte de enero y los veinte de julio.

Entre los muchos beneficios que se consiguen al presentarse como monotributista, podemos encontrar:

  1. Evitar hacer DDJJ anuales de Ganancias, mensuales de IVA y demás obligaciones exigidas a un inscripto en Ganancias y/o IVA, ahorrando costos contables y administrativos.
  2. Los impuestos a pagar son mucho más bajos que en el resto de los regímenes. Un autónomo inscripto de IVA puede llegar a pagar hasta el 50% de lo facturado, mientras que la cuota del monotributo varía entre el 1% y el 7%.
  3. En caso de adherirse al débito automático para el pago de la cuota mensual, se bonifica una cuota al año. Este beneficio es posible si se mantiene la cuota al día.
  4. La posibilidad de derivar un porcentaje del aporte del monotributo a una prepaga, lo cual aligera el costo. Además, está al alcance una bonificación del 10,5%, dado que los usuarios que tienen una prepaga deben pagar ese porcentaje en concepto de IVA, y los monotributistas están exentos en el pago de la prepaga.
  5. Tener una ventaja competitiva por sobre los inscriptos en IVA, dado que el monotributista no recarga en concepto de IVA el 21% en sus servicios o productos y los Responsables Inscriptos sí.
  6. Facilidades administrativas. El monotributo es un sistema impositivo simplificado, por lo que es sencillo inscribirse y comenzar a facturar, y también borrarse cuando se deja de trabajar y cesan los ingresos.

Por último, no es desestimable el hecho de estar en regla: poder blanquear ingresos de la economía informal y acceder a beneficios como la obra social o los aportes jubilatorios, pero también a una pensión en caso de invalidez o muerte.

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Impuesto al Cheque

El impuesto al cheque debe su origen a la crisis. Su implementación se dio en el año 2001: fue parte de las medidas económicas impuestas por Domingo Cavallo, quien fuera llamado en plena crisis por el, en su momento, presidente Fernando de la Rúa. Irónicamente, Cavallo es considerado el responsable de esa crisis por ser el padre de la convertibilidad.

La Ley 25.413, formalmente llamada Impuesto a los Débitos y Créditos, se sancionó en tiempo récord, y fue parte del paquete económico de ajuste impulsado por el ministro. Fue considerado un gravamen de emergencia, que incluso contemplaba su fecha de finalización: el 31 de diciembre de 2002. El Impuesto al Cheque cumple diecinueve años de vigencia.

Para saber cuánto es el valor en la actualidad de este impuesto primero hay que repasar algunas cosas. Aunque su nombre popular sea taxativo, el Impuesto al Cheque se aplica sobre todas las operaciones de débito o acreditación que haya en una cuenta bancaria, ya sea de empresa o personal. Así, en todo movimiento bancario el sistema cobra el 0,6%, ya sea por depósito o por cobro o retiro del monto (cada una de estas operaciones conlleva el cobro). El impuesto no tiene la categoría de tributo –tal como la define la teoría impositiva- pero aun así está posicionada como la tercera herramienta de recaudación del Estado. La misma cada vez abarca más terreno, como demuestra por ejemplo que las llamadas billeteras electrónicas (como Mercado Pago, Ualá, entre otras), que anteriormente eran contribuyentes exentos, a partir de mediados de 2019 también comenzaron a pagar el Impuesto al cheque.

Por supuesto, hay algunas excepciones al Impuesto al Cheque, tanto en débitos como en créditos. Por ejemplo: monotributistas que soliciten la exención, algunas cajas de ahorros, acreditación de sueldos y pago de haberes, pensiones y jubilaciones, acreditación de plazos fijos o préstamos, entidades sin fines de lucro, movimientos entre cuentas del mismo titular, las operaciones inmobiliarias. Y, previsiblemente, los estados municipales, provinciales y nacionales.

Es cierto que en algunos casos el Impuesto al Cheque fue perdiendo peso. La ley de beneficio a las Pymes, por ejemplo, permite usar la totalidad del impuesto sufrido para el pago de anticipos y saldo de DDJJ y del Impuesto a las Ganancias.

Dada la precaria situación económica propiciada, entre otros factores, por la pandemia, este año el gobierno estableció una reducción de noventa días para las empresas de salud en el pago de este Impuesto (situación que comenzó a regir en marzo). Las bajan son del 0,5% el impuesto a los débitos y el 0,25% a las acreditaciones.

Otros exentos del pago al Impuesto al Cheque son las Obras Sociales y sistemas de Salud Pública, dada su condición de exentos al pago de Ganancias.

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¿Qué es el IVA?

IVA son las siglas que representan al Impuesto sobre el Valor Agregado: es un impuesto de tipo indirecto destinado a gravar el consumo. Es decir que cada artículo comprado y cada servicio recibido tiene un incremento de un porcentaje en el precio.

Por tanto, son los consumidores finales los que pagan el IVA dentro del precio de los servicios y productos que adquieren.

Por otro lado, los Responsables Inscriptos y los comerciantes están obligados a discriminar el IVA al momento de vender sus productos o servicios, para luego pagar el impuesto mediante la declaración de dicho monto en la AFIP.

En Argentina existen las llamadas alícuotas, que son tres tasas de IVA, a saber:

  • La tasa general, la más común, es la que aplica el 21%.
  • Para productos electrónicos, frutas y verduras, se aplica el 10,5%.
  • Para las actividades como la energía eléctrica y las telecomunicaciones, se aplica el 27%.

Los Responsables Inscriptos deben presentar cada mes su declaración jurada de IVA, el cual se determina tomando el IVA de las ventas del negocio (es decir, el que cobra el contribuyente) y deduciendo el IVA de las compras del negocio (lo que paga el contribuyente), recuperándolo. Los que no presentan IVA son los Monotributistas.

El contribuyente está obligado a presentar de forma mensual el IVA, una vez inscripto ante la AFIP en el impuesto. Se calcula mediante un sistema de débitos y créditos los cuales dan por resultado el monto a pagar. El débito fiscal es el IVA que se genera cuando vende un producto o un servicio un Responsable Inscripto. La factura puede ser A o B, según la condición de IVA del comprador. El crédito fiscal es el IVA que resulta de una compra de un Responsable Inscripto a otro. En ese caso, la factura tiene agregado un importe en concepto de IVA.

Esa es la teoría de cómo se calcula el IVA. Si bien luce sencilla, dadas las variables a tener en cuenta, es una actividad compleja en la que se pueden cometer errores, que incluso pueden llegar a considerarse delitos fiscales. Es por eso que se recomienda que el cálculo y la presentación del IVA lo realicen profesionales contables.

Algunas empresas están obligadas a percibir de las compras o retener de las ventas un monto adicional de IVA en concepto de impuesto adelantado. También puede suceder con otro impuesto, como por ejemplo Ingresos Brutos. Estas empresas son designadas por AFIP como “agente recaudador”, es decir, agente de percepción en distintos regímenes.

El monto en general es del 3% de la factura. Hay agentes de percepción de IVA (los cuales perciben un adicional del total de la factura, por lo que hay que pagar más) y agentes de retención (el cual deberá retener una parte del total de la factura que emitida, y pagar menos).

Hay actividades no sujetas al IVA, por lo que no existe obligación tributaria ni hecho imponible. Algunas de esas actividades pueden ser: exportación de servicios, actividades sociales, deportivas, educativas o culturales y operaciones médicas y sanitarias, entre otras.

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Ley de Convertibilidad

En 1991, el contexto de la Argentina presidida por Carlos Menen era apocalíptico: la inflación del 1344% que coronaba el final de los años ochenta era insostenible.

Para combatirlo, el ministro de economía Felipe Cavallo implementó la Ley de Convertibilidad como parte de una política económica en la que se ponían todas las herramientas disponibles en uso con el objetivo de terminar con la hiperinflación. La convertibilidad es un recurso en el cual se fija el valor de una moneda con el de otra considerada más estable (aunque también existe la posibilidad de atarla al valor de otro patrón, como por ejemplo el oro). Este sistema permite evitar saltos inesperados en la cotización de una moneda y lograr previsibilidad.

Como contracara, esta rigidez monetaria puede llegar a causar sobrevaloración o subvaloración, en tanto que impide que la elasticidad de la moneda corrija estas situaciones.

La Ley de Convertibilidad decretada en Argentina el 27 de marzo de 1991 disponía la utilización de un cambio fijo –lo que comúnmente se conoció como el “1 a 1”, atando el “peso convertible” al dólar-. A su vez, prohibió que el Banco Central financiara políticas fiscales expansivas y permitió usar el dólar para todas las operaciones económicas para lograr una apertura comercial y financiera.

Entre sus beneficios, la convertibilidad aplacó la inflación, la cual pasó a 25% en los primeros doce meses posteriores a su aplicación. Esta estabilidad permitió un crecimiento en el país luego del estancado desempeño de la década anterior. Pero esta política también se encontró con limitaciones: el abaratamiento de las importaciones, producido por el 1 a 1, en conjunto con la apertura financiera y comercial, deterioró la industria nacional, dado que incentivaba las compras al exterior frente a la producción local. Sumado a eso, al estar limitadas las capacidades estatales, el Gobierno no pudo implementar políticas que permitieran, entre otras cosas, contrarrestar el fuerte aumento del desempleo.

En el período que fue desde 1991 hasta los años 2000, el déficit promedio anual fue de 4.1% del Producto Bruto Interno, creció el gasto y también la deuda externa de manera notable. La apertura comercial descontrolada, la baja de los salarios y el desempleo causaron estragos en el sector industrial. El régimen económico tuvo como característica un aumento de la desigualdad social y la pobreza, como también un aumento drástico en el número de personas que vivían en la indigencia.

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¿Qué es la inflación?

En artículos anteriores hemos visto a qué se le llama “el valor del dinero” y la estrecha relación que tiene con la tasa de interés. En ese esquema, hay un tercer factor fundamental que desarrollaremos aquí: la inflación.

¿Qué es la inflación? Es el aumento sostenido y generalizado, normalmente en el período de un año, de los precios de bienes y servicios en un país. En ese contexto, con cada unidad de moneda se adquieren menos bienes y servicios. En ese sentido, la inflación es un espejo de la disminución del poder adquisitivo de la moneda. Para medir el crecimiento de la inflación se utilizan índices.

Según sus causas, existen tres tipos de inflación:

  • Inflación por costos: cuando el precio de las materias primas, tales como petróleo o energía, aumenta, el productor incrementa sus precios, en busca de mantener su margen de ganancia.
  • Inflación por demanda: aquí se obedece a la ley de oferta y la demanda. Si la capacidad de producción o importación es superada por la demanda de bienes, los precios tienden a aumentar.
  • Inflación autoconstruida: cuando hay una previsión de fuertes aumentos de precios a futuro, se comienzan a aumentar desde antes para lograr gradualidad.
  • Inflación generada por expectativas de inflación: en países como la Argentina, con alta inflación, los trabajadores piden aumentos para paliar los efectos de la misma, y los empresarios aumentan los precios para no perder el margen, lo que genera un círculo vicioso de inflación.

También hay una clasificación de la inflación según la magnitud de su aumento: moderada, cuando el aumento de los precios se da de forma lenta, permitiendo que las personas se fíen del precio de las cosas a corto plazo; galopante, cuando los precios aumentan las tasas de a dos o tres dígitos, el dinero pierde su valor de velozmente y las personas viven con el dinero suficiente y el resto tratan de resguardarlo; hiperinflación, cuando el índice de precios aumenta a un cincuenta por ciento mensual, lo que habla de una crisis económica severa, la gente busca gastar el dinero antes de que pierda su valor.

En una de las formas de detener la inflación, la tasa de interés de la deuda pública es aumentada por los bancos centrales. Así también, la tasa de interés en los préstamos al consumo se incrementa. Por tanto, la demanda de productos es frenada por el aumento de las tasas de interés del consumo. La contracara de esta aproximación, es que al frenar la demanda de productos, se frena la industria que los produce, con sus consecuencias negativas.

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Valor del Dinero en el Tiempo

En un artículo anterior nos hicimos la siguiente pregunta: ¿qué precio tiene el uso del dinero? De la cual, después de algunos análisis, devino la definición de la tasa de interés. Pero tanto el dinero como otros bienes (o cualquier mercancía) tienen su valor en el mercado, dividiéndose en dos: valor de uso y valor de cambio.

Un objeto define su valor de uso por su valor para satisfacer una necesidad.

Esta forma de definirlo se refiere a los rasgos de un objeto gracias a los cuales nos permite satisfacer distintos tipos de necesidades, desde las básicas biológicas (como comer) hasta las que refieren a la cultura o el ocio (como leer o escuchar música).

El valor de cambio es el valor que un objeto tiene en el mercado. Se mide por el dinero y se expresa en términos cuantitativos. Determinado por las leyes del mercado, dos objetos pueden tener el mismo valor de cambio y sin embargo tener valores de uso totalmente distintos, como por ejemplo una computadora y una moto. Estos dos conceptos nos ayudan a entender que en el mercado todo tiene un valor de uso y un valor de cambio. Incluidos la fuerza de trabajo y el dinero en sí mismo. Ni siquiera este último mantiene su valor en el tiempo: el dinero cambia su valor según se reciba o se pague en distintos puntos del tiempo.

El concepto del valor del dinero está profundamente relacionado con otros dos conceptos de igual necesidad: inflación y tasa de interés.

Las cosas van aumentando de precio constantemente. Eso disminuye el valor del dinero que poseemos. A ese fenómeno se lo conoce como inflación. Para compensar esto, hay otro fenómeno en el cual el dinero se puede invertir para generar más dinero al cabo de un tiempo: el dinero que se genera es en efecto la tasa de interés. Esta es una tasa de retorno que refleja la relación que tiene un flujo de dinero en diferentes fechas, y hace que el valor del dinero cambie de una forma equivalente a la inflación.

Hay diferentes fórmulas para calcular el valor del dinero en el tiempo, según queramos saber, por ejemplo, el valor futuro de un flujo en efectivo o el valor presente de un flujo de efectivo futuro. Para ello es necesario utilizar las matemáticas financieras, utilizando sus herramientas de cálculo para establecer el valor del dinero en el tiempo mediante interés simple, compuesto, valor presente y valor futuro del dinero, entre otras.

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Interés Simple e Interés Compuesto

En el artículo anterior nos hemos referido al precio del dinero, es decir, el precio que se paga por utilizar una cantidad de dinero determinada en un marco de tiempo previamente estipulado. Así llegamos a la tasa de interés: en una operación financiera, el valor de la tasa de interés es indicativo del porcentaje de interés que se debe pagar como contraprestación por la utilización del dinero.

Al momento de pedir un préstamo, por ejemplo, hay que conocer el producto y considerar distintos aspectos, los cuales van a variar si se trata de un préstamo personal, de un préstamos para una PyME u otros. Y hay que considerar las características técnicas de cada tipo de préstamo. Entre ellas se destaca la tasa de interés, pudiendo ser principalmente de dos tipos: tasa de interés simple y tasa de interés compuesta.

La tasa de interés simple es aquella en la que el interés obtenido al momento de finalizar cada período del préstamo no se suma al capital inicial a fin de generar nuevos intereses. El interés simple siempre se calcula en base a nuestro capital inicial. Y los intereses obtenidos en un período no se reinvierten en el siguiente. Como conclusión sencilla, el interés obtenido en cada período es el mismo.

Podemos entonces resumir la tasa de interés simple en tres características principales: el capital inicial se mantiene igual durante toda la operación; el interés no se modifica, es decir, es el mismo para cada uno de los períodos de la operación; la tasa de interés se aplica sobre el capital invertido inicialmente.

Seguramente a esta altura ya pueden intuir dónde radica la diferencia entre el interés simple y el interés compuesto. Cuando se aplica una tasa de interés compuesta, los intereses conseguidos en cada período se van sumando al capital inicial, con lo que se generan nuevos y mayores intereses. A diferencia de la tasa de interés simple, aquí los intereses no se pagan a su vencimiento sino que se van acumulando al capital, el cual crece al final de cada período y por tanto también lo hace el interés generado en base a un capital mayor.

Las características de la tasa de interés compuesta son: los intereses se acumulan sobre el capital inicial, el cual va aumentando; la tasa de interés se aplica sobre ese capital en aumento; los intereses se incrementan.

Al momento de elegir con qué tasa de interés se quiere trabajar hay que evaluar la disponibilidad de los intereses y la rentabilidad que se pretende.

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Tasa de Interés

Al trabajar con dinero se nos presenta una pregunta básica: ¿qué precio tiene el uso del dinero? Encontrarnos con una respuesta afirmativa nos deriva a una pregunta más específica: ¿qué es la tasa de interés?

La tasa de interés (o también a menudo encontrada como tipo de interés) es, de forma llana y directa, el precio del dinero: esto es, el precio que se paga por utilizar una cantidad de dinero determinada en un marco de tiempo previamente estipulado. En una operación financiera, el valor de la tasa de interés es indicativo del porcentaje de interés que se debe pagar como contraprestación por la utilización del dinero.

El dinero tiene un precio que debe pagarse para poder adquirirlo, aunque sea de manera temporaria. En esto, no es diferente de servicios o bienes. Su uso tiene un precio, el cual se calcula en porcentaje sobre un capital principal. Habitualmente se expresa en términos porcentuales y anuales. Por esto es que se le conoce como el precio del dinero al tipo de interés.

A manera de ejemplo: si presto a un banco 1.000 pesos y al término de un año el banco me devuelve 1.010 pesos, el interés del préstamo realizado son 10 pesos, en términos porcentuales 1%. Ese 1% (10 sobre 1000) es el precio que le cobro al banco por haberle prestado mi dinero.

También en un esquema similar al de los bienes y servicios, el tipo de interés está atado en gran parte a la oferta y la demanda. Por decirlo de cierta manera, lo establece el mercado mismo. En términos simples, cuando la tasa de interés sea menor, habrá mayor demanda de recursos financieros. En contraposición, cuando la tasa de interés es mayor, menor será la demanda de los mismos recursos. Se puede establecer que la relación de oferta con la tasa de interés es directa, porque cuanto mayor sea, mayor será la predisposición general a prestar dinero, y se querrá prestar menos dinero si el tipo de interés es más bajo.

En un equilibrio de las variables vistas en el párrafo anterior se establece el tipo de interés. Pero sí existen otras variables que pueden incidir directamente como, por ejemplo, la inflación proyectada en un año. También, la prima por liquidez, el tipo de interés real de la deuda pública, el riesgo de interés de cada plazo de vencimiento o la primera por riesgo de crédito del emisor.

Para completar el panorama, el banco central del país fija un tipo de interés del conjunto de los factores mencionados. El control de las mismas le permite aplicar políticas económicas ya sean restrictivas o expansivas.

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CEDEARS

En momentos de crisis en los que las diferentes alternativas de inversión no poseen grandes perspectivas, aquellas personas que cuentan con fondos líquidos buscan opciones que les permitan, de mínima, vencer la inflación y, de máxima, incrementar su patrimonio.

Entre las opciones más populares, el dólar tiene restricciones que no lo hacen de fácil acceso y la tasa que pagan los plazos fijos son menores al aumento real de precios.

Dentro de este contexto, hay un instrumento que permite salir de la burbuja argentina y apostar a un crecimiento a mediano y largo plazo de grandes compañías internacionales: los “Cedears”.

¿Qué son los Cedears? Sus siglas se refieren a Certificados de Depósitos Argentinos y son, en una explicación simple, acciones que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires de empresas no argentinas. Con la compra de los Cedears, el inversor adquiere una acción o paquete de acciones de una compañía internacional. Así, un inversor de Argentina puede adquirir acciones de compañías del exterior que cotizan en mercados extranjeros como el Nasdaq, el FTSE, el NYSE, entre otros, sin tener una cuenta fuera del país, con la posibilidad incluso de hacerlo en pesos.

Para acceder a este tipo de instrumentos es necesario operar en el mercado de capitales con una cuenta comitente activa. Dado que la equivalencia entre un Cedear no es de 1:1 con las acciones internacionales, existe un ratio de conversión que varía según la compañía. El listado completo se encuentra en la web de Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA), pero por ejemplo un Cedear de McDonald’s en la Bolsa de Buenos Aires equivale a una cuarta parte de la misma empresa en el Nasdaq, por lo que el ratio es de 4.

Las ventajas de invertir en Cedaers son varias. Las empresas suelen pagar dividendos en dólares, lo que permite obtener una renta en una moneda fuerte. El riesgo local es mínimo en su incidencia, porque los activos cotizan en el exterior y dependen de la macroeconomía del país en el que residen. Y pueden suscribirse en moneda local sin por eso perder la oportunidad de actuar en el mercado internacional.

Al momento de elegir, hay que tener en cuenta cuestiones tales como la posibilidad de crecimiento de la empresa, el rubro en el que se desarrolla, el país de residencia, analizar sus balances y la evolución del tipo de cambio, entre otros.

Para completar el panorama, es necesario diversificar nuestras inversiones, a fin de estar más resguardado de la volatilidad de las cotizaciones bursátiles de Argentina, por lo que es bueno contar con instrumentos de otros países o variantes como los fondos comunes de inversión, vistos con anterioridad en este blog.

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Fondos Comunes de Inversión (FCI)

Cuando un grupo de personas tienen objetivos parecidos a la hora de invertir su dinero pueden aportarlo para que un profesional capacitado lo administre, invirtiéndolo en distintas carteras diversificadas de activos. Esto es lo que constituye un Fondo Común de Inversión (FCI, sus siglas).

Si bien en Argentina todavía no es una herramienta financiera muy popular, en el resto del mundo –sobre todo en los países desarrollados- es uno de los instrumentos de inversión más utilizados, junto con las compañías de seguros y los bancos comerciales.

Los Fondos Comunes de Inversión pueden ser clasificados según distintas cuestiones, desde la capacidad para recuperar los activos hasta si cotizan en Bolsa y/o Mercados.

Las clasificaciones son:

*FONDOS CERRADOS: son aquellos en los que las “cuotapartes” (esto es, el derecho de copropiedad indivisa sobre el patrimonio de un FCI que tiene quien invierte en él) cotizan en Mercados y/o Bolsas. En este caso, la liquidez depende de la oferta y la demanda, siendo limitado el número de cuotapartes.

*FONDOS ABIERTOS: son aquellos en los que el cliente puede comprar (acción que técnicamente se llama “suscribir”) y vender (“rescatar”) cuotapartes a su voluntad, ya que no tiene cotización en Bolsas o Mercados. Las participaciones se rescatan en la Sociedad Depositaria, en la Sociedad Gerente o los Agentes Colocadores.

De acuerdo al objetivo de inversión que tengan, los Fondos Comunes de Inversión pueden clasificarse en:

*FONDOS DE LIQUIDEZ (MERCADO DE DINERO): es la opción más conservadora, ideal para los que quieren invertir su dinero a corto plazo. Está libre de las fluctuaciones de precios y tienen liquidez inmediata.

*FONDOS DE BONOS O RENTA FIJA: poseen fluctuaciones de precios moderados, como así también lo es su rendimiento. Es un tipo de inversión a mediano y largo plazo.

*FONDOS MIXTOS: Su rendimiento y riesgo dependen de cómo se comporten los activos financieros que combinan, estos son, acciones, plazos fijos y bonos.

*FONDOS DE ACCIONES O DE RENTA VARIABLE: es una inversión a largo plazo. Su rendimiento es potencialmente elevado, pero están sujetos a las posibles fluctuaciones de precios de los mercados bursátiles.

Los Fondos Comunes de Inversión son una herramienta versátil que posibilita tanto el ahorro o la inversión a corto plazo, como una ganancia mayor a mediano y largo plazo, aun cuando no se disponga del tiempo o la capacidad para administrar el dinero de forma personal. Gracias a la diversidad de Fondos, es posible encontrar uno que se adecue a la necesidad de cada persona.

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Aplicaciones para Control de Gastos

El teléfono celular se ha convertido en la herramienta de mayor uso cotidiano para las personas. Con él se realizan todo tipo de actividades: tener una reunión de trabajo, consultar un mapa, sacar fotografías o la obviedad de comunicarse, entre tantas otras. En los últimos tiempos, han aumentado las compras online a través de los dispositivos móviles y el manejo de las cuentas bancarias. Es lógico entonces pensar en completar este panorama financiero con un instrumento en el celular que nos permita llevar un registro de todas estas actividades que hacemos y las que podríamos hacer en un futuro. Para ello ya existen muchas aplicaciones para el control de gastos. Orientadas a distintos usos específicos, todas ayudan a tener un mayor dominio sobre la plata que ingresa, los gastos y las inversiones.

En lo que va del año en Argentina, el aumento de la inflación ha superado largamente el aumento de los ingresos (lamentablemente, esta afirmación se aplica a la mayoría de los años). Eso significa que la capacidad de consumo desciende. Este escenario se puede paliar de dos maneras: buscando más ingresos y achicando los gastos. Con las apps de control de gastos gratuitas y de fácil uso, se pueden organizar los consumos, identificar dónde se realizan gastos inútiles y establecer de antemano los ahorros en caso de ser posible, entre otras cosas.

Cada una de estas apps tiene características específicas que las hacen atractivas para distintos tipos de usuarios, pero por supuesto que comparten algunos rasgos en su funcionalidad. El requisito básico para todas las apps de control de gastos es cargar los ingresos y anotar los gastos. Cuanto más minucioso sea este proceso, más efectivas van a ser las resoluciones que se tomen a partir de estos datos. Las aplicaciones darán la posibilidad de ordenar los gastos por categorías: comida, gastos, regalos, hogar, esparcimiento, viáticos, etc. Por último, se verá mediante gráficos sencillos de entender en qué se gasta el dinero y cuál es el presupuesto restante.

Algunas aplicaciones tienen la opción de vincular la cuenta directo con las tarjetas de crédito, a fin de no omitir nada y cargar automáticamente los pagos que se realizan en ella.

Es importante remarcar que todas ofrecen la posibilidad de establecer una contraseña. Es fundamental proteger este tipo de datos.

A la hora de ajustar egresos o planificar inversiones específicas o extraordinarias, se puede observar con precisión en qué categorías se realizan el grueso de gastos, dónde los gastos innecesarios o aquellos que son susceptibles de recortes. Por último, estas apps permiten establecer parámetros de ahorro, según porcentaje de los ingresos o bien a través de un monto fijo.

Algunas de las aplicaciones de control de gastos más populares son: Monefay, Mobils, Spendee, Splitwise y MoneyWiz.